Cráteres en cajas de arena revelan secretos de marcas de salpicaduras de cráteres y meteoritos perdidos


Por Amelia Ortiz
28/6/2018 de Okinawa Institute of Science and Technology Graduate University (OIST) / Physical Review Letters
Fuente:
https://observatori.uv.es/crateres-en-cajas-de-arena-revelan-secretos-de-marcas-de-salpicaduras-de-crateres-y-meteoritos-perdidos/

Una característica de los cráteres ha intrigado a los científicos durante décadas. La fuerza del impacto de un meteorito pulveriza el suelo y arroja el polvo a gran altura por el cielo con una trayectoria en forma de cono. El polvo volador se asienta alrededor del cráter formando un manto. La pregunta era: ¿por qué algunos mantos tienen forma de rayos, líneas rectas que salen dese el centro del cráter como los radios de una rueda?
En un estudio nuevo investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa han simulado impactos extraterrestres que arrojan luz sobre el modo en que se forman estos misteriosos rayos. Como no es posible crear un cráter con un meteorito real, los científicos utilizan un análogo simple y popular: dejar caer una bola de metal sobre un lecho de arena. La bola expulsa arena y forma un cráter rodeado por el material expulsado.
Pero no todas las veces que se lanza la bola aparecen cráteres con rayos. Los investigadores notaron que se producían cuando no alisaban el terreno después de impacto anterior. Y para averiguar por qué los terrenos irregulares son los que forman cráteres con rayos, realizaron un segundo experimento sobre un lecho de arena que tenía impreso un patrón regular de valles con forma hexagonal. Tras el impacto, cada uno de los valles que tocaban el borde de la bola produjeron un rayo. Christian Butcher (OIST) repitió el experimento con diferentes variables: “Cambiamos el tamaño de la bola, la distancia entre valles, la altura de caída de la bola, los granos de arena, entre otros”. Las única variables que afectaron al número de rayos producidos eran el tamaño de la bola y la distancia entre valles.
Tras averiguar cómo se forman los rayos de los cráteres, los científicos crearon un modelo teórico para predecir su número. Las predicciones del modelo encajaban con los experimentos realizados, permitiendo a los científicos predecir el aspecto de los rayos sobre las superficie escabrosas de planetas reales. Además indica también el diámetro del meteorito que creó el cráter, a partir del número de rayos que tiene.

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La cara tóxica de la Luna

Por Amelia Ortiz

Fuente:

https://observatori.uv.es/la-cara-toxica-de-la-luna/

El astronauta de NASA Comandante Eugene Cernan dentro del módulo lunar después de su segundo paseo sobre la Luna de la misión Apollo 17. Su traje espacial está cubierto de polvo lunar. Crédito: NASA.

Cuando los astronautas del Apollo regresaron de la Luna, el polvo que se pegó a sus trajes espaciales hizo que les doliera la garganta y que sus ojos llorasen. El polvo lunar está hecho de partículas abrasivas, afiladas y dañinas, ¿pero son tóxicas para los humanos?

La “fiebre del heno lunar”, tal como la describió el astronauta de NASA Harrison Schmitt durante la misión Apollo 17, causó síntomas en las 12 personas que han pisado la Luna. Desde estornudos a congestión nasal, en algunos casos las reacciones duraron varios días. Dentro de la nave espacial el polvo olía a pólvora quemada.

Ahora un ambicioso proyecto de investigación de la ESA pretende averiguar si el polvo lunar puede ser nocivo para la salud humana.

El polvo lunar contiene silicatos, un material que se halla habitualmente en cuerpos planetarios con actividad volcánica. Los mineros de la Tierra sufren inflamación y heridas en sus pulmones por la inhalación de silicatos. En la Luna el polvo es tan abrasivo que se comió las capas de las botas de los trajes espaciales y destruyó los sellos de vacío de los contenedores de muestras del Apollo. El daño potencial que resulta de la inhalación de este polvo es desconocido pero las investigaciones demuestran que las simulaciones de suelo lunar pueden destruir las células de los pulmones y del cerebro después de una exposición prolongada.

Resuelven un misterio lunar con la ayuda de cintas de datos lunares perdidas

POR AMELIA ORTIZ

11/6/2018 de Phys.org / Journal of Geophysical Research: Planets

Fuente:

https://observatori.uv.es/resuelven-un-misterio-lunar-con-la-ayuda-de-cintas-de-datos-lunares-perdidas/

 

El astronauta Harrison Schmitt utiliza una pala ajustable para tomar muestras lunares durante la misión Apollo 17 en diciembre de 1972. Nuevas cintas de datos lunares restauradas demuestran que la actividad de los astronautas de las misiones Apollo calentó ligeramente la superficie de la Luna. Crédito: NASA.

Tras ocho años pasados recuperando datos lunares perdidos de las misiones Apollo, un equipo de científicos anuncia en un estudio nuevo que han resuelto un misterio relacionado con el ligero calentamiento del subsuelo lunar durante la década de 1970.

Los científicos se preguntaban acerca de la causa del calentamiento que se produjo poco después del inicio de las misiones Apollo, cuando los astronautas desplegaron sondas por la Luna para medir el calor procedente de su interior.

Las cintas de datos recuperadas por los científicos vienen a rellenar un hueco en los registros correspondiente a los años 70 y han ayudado a los investigadores a individuar el origen del calentamiento, identificándolo con los propios astronautas.

Los astronautas perturbaron el suelo de la superficie lunar al caminar y conducir su todoterreno sobre él. Como resultado, la Luna reflejó menos luz del Sol hacia el espacio, lo que elevó la temperatura de la superficie lunar en 1-2 grados Celsius en los lugares afectados. Esto demuestra que será casi imposible desplegar astronautas o instrumentos en la Luna sin perturbar el ambiente de su superficie, y esta información podría ser valiosa para futuras misiones lunares.

Agradece a la Luna la prolongación del día terrestre

Por Amelia Ortiz

Fuente:

https://observatori.uv.es/agradece-a-la-luna-la-prolongacion-del-dia-terrestre/

University of Wisconsin–Madison / Proceedings of the National Academy of Sciences

Durante su viaje a Júpiter en 1992, la nave espacial Galileo tomó imágenes de la Tierra y la Luna. Dos imágenes distintas han sido combinadas para generar esta panorámica. Crédito: NASA/JPL/USGS.
Para cualquiera que haya deseado alguna vez que el día tuviera más horas, los geocientíficos tienen buenas noticias: los días en la Tierra se están alargando.
Un nuevo estudio que reconstruye la historia profunda de la relación entre nuestro planeta y la Luna demuestra que hace 1400 millones de años un día en la Tierra duraba poco más de 18 horas.  Esto se debía, al menos en parte, a que la Luna estaba más cerca y cambiaba el modo en que la Tierra giraba alrededor de su eje.
“A medida que la Luna se aleja, la Tierra se comporta como un patinador que frena al extender sus brazos hacia afuera”, explica Stephen Meyers (Universidad de Wisconsin-Madison).
El nuevo estudio describe una herramienta, un método estadístico, que relaciona la teoría astronómica con la observación geológica (llamada astrocronología) para estudiar el pasado geológico de la Tierra, reconstruir la historia del Sistema Solar  y comprender el cambio climático en la antigüedad conservado en el registro de las rocas.

Un océano de magma sería responsable del campo magnético temprano de la luna

Resumen:

Hace alrededor de cuatro mil millones de años la Luna tenía un campo magnético que era casi tan fuerte como el campo magnético de la Tierra en la actualidad. La causa de que la Luna, con un núcleo mucho más pequeño que el de la Tierra, haya tenido un campo magnético tan fuerte ha sido un problema no resuelto en la historia de su evolución. Un nuevo modelo propone que un océano de magma puede ser responsable.

La capa más inferior del manto de la luna se derrite para formar un “océano de magma basaltico” rico en metales que se encuentra sobre el núcleo de metal de la luna. La convección en esta capa puede haber generado una dínamo, creando un campo magnético que habría sido registrado en la superficie por la corteza lunar en enfriamiento, incluidas las muestras traídas por los astronautas del Apolo.

Crédito: Aaron Scheinberg

Hace alrededor de cuatro mil millones de años la Luna tenía un campo magnético que era casi tan fuerte como el campo magnético de la Tierra en la actualidad. La causa de que la Luna, con un núcleo mucho más pequeño que el de la Tierra, haya tenido un campo magnético tan fuerte ha sido un problema no resuelto en la historia de su evolución

El científico Aaron Scheinberg de Princeton, con Krista Soderlund del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y Linda Elkins-Tanton de la Universidad Estatal de Arizona, se dispusieron a determinar qué pudo haber generado este campo magnético lunar temprano. Sus resultados y un nuevo modelo de cómo pudo haber sucedido esto, han sido publicados recientemente en Earth and Planetary Science Letters.

Un nuevo modelo

El campo magnético de la Tierra protege nuestro planeta desviando la mayor parte del viento solar, cuyas partículas cargadas de otra manera eliminarían la capa de ozono que protege a la Tierra de la dañina radiación ultravioleta. Mientras que el campo magnético de la Tierra es generado por los movimientos de su núcleo externo de metal líquido, conocido como dínamo, el núcleo de la Luna es demasiado pequeño para haber producido un campo magnético de esa magnitud. Entonces, el equipo de investigación propuso un nuevo modelo de cómo el campo magnético podría haber alcanzado niveles similares a la Tierra. En este escenario, la dinamo no está impulsada por el pequeño núcleo metálico de la Luna, sino por una pesada capa de roca fundida (líquida) que se encuentra encima.

En este modelo propuesto, la capa más inferior del manto de la Luna se derrite para formar un “océano de magma basaltico” rico en metales que se encuentra en la parte superior del núcleo de metal de la Luna. La convección en esta capa luego genera la dínamo, creando un campo magnético.

“La idea de una dínamo generada por un océano de magma basaltico había sido propuesta para el campo magnético de la Tierra primitiva, y nos dimos cuenta de que este mecanismo también puede ser importante para la Luna”, dice el coautor Soderlund. Soderlund explica además que se cree que todavía existe una capa parcialmente fundida en la base del manto lunar en la actualidad. “Un campo magnético fuerte es más fácil de lograr en la superficie de la Luna si la dínamo funcionó en el manto en lugar de en el núcleo”, dice ella, “porque la intensidad del campo magnético disminuye rápidamente cuanto más lejos está de la región de la dínamo”.

En las simulaciones de la dínamo central de la Luna realizadas por el equipo, siguieron encontrando que la capa inferior del manto de la Luna se estaba sobrecalentando y derritiendo. Inicialmente, trataron de enfocarse en casos sin fusión que fueran más fáciles de modelar, pero finalmente consideraron que el proceso de fusión era la clave de su nuevo modelo.

“Una vez que comenzamos a pensar en esa fusión como una característica, en lugar de un error”, dice Scheinberg, “las piezas comenzaron a integrarse y nos preguntamos si la fusión que vimos en los modelos podría producir un océano de magma rico en metales para alimentar el fuerte campo temprano “.

Un campo magnético débil posterior

Más adelante en la evolución de la Luna (hace alrededor de 3.560 millones de años), también hay evidencia de que el fuerte campo magnético que existía alrededor de la Luna finalmente se convirtió en un campo magnético débil, que continuó hasta hace relativamente poco tiempo. El nuevo modelo del equipo también puede ayudar a explicar este fenómeno también.

“Nuestro modelo proporciona una  elegante solución potencial”, dice Scheinberg. “A medida que la Luna se enfriaba, el océano de magma se habría solidificado, mientras que la dínamo nuclear habría seguido creando el campo débil posterior”. “Estamos entusiasmados con este resultado porque explica las observaciones fundamentales sobre la Luna, su campo magnético temprano y fuerte y su posterior debilitamiento y luego su desaparición, utilizando procesos de primer orden ya respaldados por otras observaciones”, agrega el coautor Elkins. -Tanton.

Más allá de proporcionar un nuevo modelo para construir, esta investigación también puede proporcionar una mejor comprensión de la generación de campo magnético planetario en cualquier parte de nuestro sistema solar y más allá.

“Las dínamos generados por oceános de magma basáltica, como la de nuestro modelo, bien podrían haber sido una ocurrencia común en planetas rocosos como la Tierra y Marte”, dice Scheinberg.

Traducción de:

https://www.sciencedaily.com/releases/2018/04/180425093839.htm

 

Voluntarios chinos emergen de una base lunar virtual

POR AMELIA ORTIZ

Fuente: https://sedaliada.wordpress.com/category/laboratorio-lunar-virtual/

Estudiantes voluntarios saludando desde el interior del laboratorio lunar virtual “Palacio Lunar” el 1 de mayo de 2017. Fuente: Phys.org.

Un grupo de voluntarios chinos ha salido después de 110 días de aislamiento en un laboratorio lunar virtual, como paso previo al envío de astronautas chinos a la Luna.

El laboratorio es un ambiento autocontenido que simula las condiciones a las que se enfrentarán exploradores futuros en la superficie de la Luna, sin intercambios con el exterior. En el vídeo publicado por la agencia oficial de noticias Xinhua se ve a estudiantes con máscaras y camisetas azules cargando con cestas de fruta y vegetales, incluyendo zanahorias y fresas, que han cultivado en el módulo.

China no espera mandar sus primeros astronautas a la Luna antes de una década, pero el proyecto pretende preparar a los exploradores para estancias largas en la superficie.

La Luna, clave para mejorar la observación por satélite de la Tierra

por Amelia Ortiz · Publicada 7 mayo, 2018 ·
7/5/2018 de ESA

Fuente:

https://sedaliada.wordpress.com/2018/05/07/la-luna-clave-para-mejorar-la-observacion-por-satelite-de-la-tierra/

La Luna se ve en esta imagen tomada con el instrumento SEVIRI de un satélite Meteosat de Segunda Generación (MSG) de Eumetsat. Crédito: Eumetsat

Numerosos satélites de observación de la Tierra emplean un ingrediente extra para garantizar la calidad y la fiabilidad de sus datos medioambientales: la Luna.

Mientras que la superficie terrestre se halla en constante evolución, la cara de la Luna no ha cambiado en millones de años, salvo contados impactos de meteoritos. Por eso, la luz que refleja la superficie lunar es una fuente de calibración perfecta para los instrumentos de observación de la Tierra. Y ahora, un proyecto liderado por la ESA pretende que sea aún más útil.

Se ha colocado un instrumento en lo alto de las laderas del Teide, en Tenerife, por encima de la mayoría de las nubes y del polvo en suspensión, para medir las variaciones nocturnas en la luz de la Luna y, con el tiempo, mejorar la precisión de los trabajos de calibración lunar.

“Agencias espaciales de todo el mundo utilizan la Luna para evaluar y supervisar la calibración de los instrumentos ópticos de observación de la Tierra —explica Marc Bouvet, responsable del proyecto de la ESA—. Estos instrumentos se calibran cuidadosamente antes de su lanzamiento pero, una vez en el espacio, su rendimiento puede variar debido, por ejemplo, a la radiación, a la contaminación de la lente o a cambios mecánicos”.

“Tenemos que estar seguros de que los cambios en la luz recibida desde la Tierra representan cambios reales en el terreno, y no cambios en el instrumento. Por eso necesitamos objetivos de calibración que representen una fuente de luz estable e invariable para identificar cualquier variación en el rendimiento de las mediciones del instrumento espacial”.