Dos meteoritos se estrellan contra la Luna

El 17 y el 18 de julio de 2018 varios telescopios del Proyecto MIDAS instalados en los observatorios de Sevilla y La Sagra detectaron dos destellos de luz en la Luna. Estos eventos fueron producidos por el impacto de dos rocas a gran velocidad contra la zona nocturna (no iluminada) de la superficie lunar. Las rocas se destruyeron completamente durante la brusca colisión, generando cada una de ellas un nuevo cráter. El evento del día 17 tuvo lugar a las 21.31.47 (tiempo universal). El del día 18 ocurrió a las 21.19.03 (tiempo universal).

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Cráteres en cajas de arena revelan secretos de marcas de salpicaduras de cráteres y meteoritos perdidos


Por Amelia Ortiz
28/6/2018 de Okinawa Institute of Science and Technology Graduate University (OIST) / Physical Review Letters
Fuente:
https://observatori.uv.es/crateres-en-cajas-de-arena-revelan-secretos-de-marcas-de-salpicaduras-de-crateres-y-meteoritos-perdidos/

Una característica de los cráteres ha intrigado a los científicos durante décadas. La fuerza del impacto de un meteorito pulveriza el suelo y arroja el polvo a gran altura por el cielo con una trayectoria en forma de cono. El polvo volador se asienta alrededor del cráter formando un manto. La pregunta era: ¿por qué algunos mantos tienen forma de rayos, líneas rectas que salen dese el centro del cráter como los radios de una rueda?
En un estudio nuevo investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa han simulado impactos extraterrestres que arrojan luz sobre el modo en que se forman estos misteriosos rayos. Como no es posible crear un cráter con un meteorito real, los científicos utilizan un análogo simple y popular: dejar caer una bola de metal sobre un lecho de arena. La bola expulsa arena y forma un cráter rodeado por el material expulsado.
Pero no todas las veces que se lanza la bola aparecen cráteres con rayos. Los investigadores notaron que se producían cuando no alisaban el terreno después de impacto anterior. Y para averiguar por qué los terrenos irregulares son los que forman cráteres con rayos, realizaron un segundo experimento sobre un lecho de arena que tenía impreso un patrón regular de valles con forma hexagonal. Tras el impacto, cada uno de los valles que tocaban el borde de la bola produjeron un rayo. Christian Butcher (OIST) repitió el experimento con diferentes variables: “Cambiamos el tamaño de la bola, la distancia entre valles, la altura de caída de la bola, los granos de arena, entre otros”. Las única variables que afectaron al número de rayos producidos eran el tamaño de la bola y la distancia entre valles.
Tras averiguar cómo se forman los rayos de los cráteres, los científicos crearon un modelo teórico para predecir su número. Las predicciones del modelo encajaban con los experimentos realizados, permitiendo a los científicos predecir el aspecto de los rayos sobre las superficie escabrosas de planetas reales. Además indica también el diámetro del meteorito que creó el cráter, a partir del número de rayos que tiene.

Los meteoritos golpean la Luna mucho más a menudo de lo que se pensaba

La abundancia de estos impactos obliga a repensar los riesgos de las futuras bases lunares.

Por: Alexandra Witze (nature News).

Sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) tomando fotografías sobre la superficie de la luna cerca del polo sur lunar. [NASA/GSFC/SVS]

Los meteoritos han provocado al menos 222 cráteres en la superficie de la Luna en los últimos 7 años. Esta cifra representa un 33 por ciento más que lo que los investigadores esperaban, y sugiere que los futuros astronautas lunares tendrán que protegerse de estas amenazadoras rocas espaciales.

Según Emerson Speyerer, investigador de la Universidad Estatal de Arizona y autor principal del reciente estudio, publicado en Nature, este es un fenómeno que está ocurriendo continuamente. Los geólogos planetarios tendrán que reconsiderar la edad de la superficie lunar, ya que la manera de calcularla depende de cómo se cuenten los cráteres y se estime el tiempo con el que los impactos han ido modelando el terreno.

Aunque la mayoría de los cráteres que salpican la superficie de la Luna se formaron hace millones de años, las rocas espaciales y los escombros siguen impactando en el astro. En 2011, un equipo dirigido por Ingrid Daubar, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA  (JPL por sus siglas en inglés), comparó algunas de las primeras imágenes de  la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), que se lanzó en 2009, con imágenes tomadas en su día por los astronautas de las misiones Apolo. Los científicos detectaron cinco cráteres recientes en las imágenes de la LRO. Luego, en dos ocasiones distintas en 2013, otros astrónomos detectaron destellos brillantes en la Luna usando telescopios terrestres. Y, más tarde, la LRO voló sobre esos lugares y fotografió los cráteres recién formados.

La sonda LRO ha tomado aproximadamente un millón de imágenes de alta resolución de la superficie lunar, pero sólo una fracción de ellas cubren la misma porción de terreno en las mismas condiciones de iluminación en dos momentos diferentes. El equipo de Speyerer ha usado un programa informático para analizar automáticamente 14.092 de estas imágenes emparejadas en busca de cambios entre ellas. Los 222 cráteres recién descubiertos están distribuidos al azar a través de la superficie lunar, y su tamaño oscila entre 2 y 43 metros de diámetro.

Distribución de los 222 nuevos cráteres descubiertos (puntos amarillos y rojos).

Los datos han revelado que hay más cráteres nuevos (de 10 metros de diámetro como mínimo) que los que cabía esperar a partir de los cálculos estándar de formación de cráteres. Eso podría significar que algunas áreas lunares recientes pueden ser incluso más jóvenes de lo que se pensaba, explica Daubar, quien considera este estudio «un avance significativo en el campo de la cronología de cráteres»,  y señala que incluso puede ser utilizado para comparar las tasas de formación de cráteres en la Luna y Marte.

Los meteoritos pueden impactar sobre la superficie lunar de varias maneras. Junto con los nuevos cráteres, el equipo de Speyerer encontró más de 47.000 «manchas» originadas cuando el impacto principal expulsa material que cae a decenas de kilómetros de distancia. Y eso significa un riesgo mayor del previsto para cualquier hábitat lunar del futuro, explica Stephanie Werner, geóloga planetaria de la Universidad de Oslo. Las posibilidades de que un meteorito impactara directamente sobre una base lunar son relativamente pequeñas, pero el material esparcido sí que podría representar un peligro real. Werner forma parte de un equipo que ha propuesto a la Agencia Espacial Europea una misión para estudiar y cuantificar el riesgo de los impactos en la Luna.

Fuente:

https://www.investigacionyciencia.es/noticias/los-meteoritos-golpean-la-luna-mucho-ms-a-menudo-de-lo-que-se-pensaba-14623

La LROC comprueba cambios en la Luna

La Lunar Reconnaissance Orbiter Camera (LROC) a bordo del LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) ha venido mapeando sistemáticamente la Luna desde 2009. Con su Narrow Angel Camera (NAC) de alta resolución ha obtenido más de un millón de imágenes, de las cuales 10.000 corresponden a regiones lunares en las que se obtuvieron imágenes previas en las mismas condiciones de iluminación y geografía observacional. La comparación de ambas imágenes (o del “par temporal”) permite rastrear la aparición de cambios en la superficie lunar. Es lo que ha logrado la School of Earth and Space Exploration de la Universidad de Arizona. Usando un software de detección automática de posibles cambios, se aplicó un filtro a esos pares temporales de imágenes y se detectaron 46.057 posibles cambios en la superficie, de los cuales el 56% fue confirmado por una posterior inspección humana.

Los resultados contradicen el lugar común, incluso entre los divulgadores científicos, de la supuesta falta de cambios en la Luna:

225 nuevos cráteres de impacto de entre 1.5 y 43 metros de diámetro.

26.000 cambios de superficie consistentes en cambios de reflectividad (algunos provocados quizás por impactos que hayan dejado un cambio por debajo del límite observacional del instrumento).

7 nuevos eventos de deslizamiento de terreno dentro de cráteres de impacto de la era Copernicana, algunos producidos por impactos en las laderas de los cráteres, como en la imagen de la izquierda, otros sin rastros de impacto, como en la imagen de la derecha, producidos o por eventos sísmicos (“ lunamotos”) o por impactos meteoríticos lejanos.

La verificación de cambios en la superficie lunar es un poderoso argumento para el estudio científico de los llamados “Fenómenos Lunares Transitorios”, del que participa nuestra Sección Lunar.

Fuente:

DYNAMIC MOON REVEALED WITH HIGH RESOLUTION TEMPORAL IMAGING. E. J. Speyerer1, M. S. Robinson1, R. Z. Povilaitis1, and R. V. Wagner1, 1School of Earth and Space Exploration, Arizona State University, Tempe, AZ (espeyere@asu.edu).

¡Luna dinámica! Nuevos cráteres de impacto.

 

¡Un nuevo cráter en la Luna! Este nuevo cráter de impacto de 12 metros de diámetro se formó entre el 25 de octubre de 2012 y el 21 de abril de 2013 y fue descubierto en una imagen de relación temporal (antes/después) creada a partir de dos imágenes de cámara de ángulo estrecho (NAC). La escena es de 1200 metros de ancho (Primera imagen: M1105837846R, Segunda imagen: M1121160416R) [NASA / GSFC / Arizona State University].

Antes del lanzamiento del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) se pensaba que la superficie de la Luna no cambiaba a una escala de tiempo humana, y que los procesos de erosión tomaron cientos o miles de millones de años para alterar significativamente la superficie. Ahora, las imágenes a escala de metro de la cámara de ángulo estrecho (NAC) de LROC están revelando pequeños cambios que están transformando la superficie mucho más rápido de lo que se pensaba anteriormente. En los pares temporales de imágines obtenidas por el NAC, identificamos más de 200 cráteres de impacto que se formaron durante la misión LRO. Estos nuevos cráteres van desde varios metros hasta 43 metros de diámetro.

Distribución de nuevos cráteres de impacto (puntos amarillos) descubiertos mediante el análisis de 14.000 pares temporales de NAC. Los dos puntos rojos señalan la localización de los impactos del 17 de marzo de 2013 y del 11 de septiembre de 2013 que fueron grabados por la vigilancia de video terrestre [NASA / GSFC / Arizona State University].

Al analizar el número de nuevos cráteres y su tamaño, y el tiempo entre cada par temporal, se estimó la tasa de cráteres contemporáneos en la Luna. Saber el número de cráteres que se forman cada año es importante al estimar las edades absolutas de las regiones más jóvenes. Durante nuestra búsqueda, identificamos más cráteres nuevos de lo previsto por los modelos anteriores de cráteres. Con este flujo de impacto potencialmente más alto, las unidades geológicas con edades de modelo jóvenes derivadas del conteo de cráteres y la tasa actual pueden ser incluso un poco más jóvenes de lo que se pensaba anteriormente. Sin embargo, para estar seguros, necesitamos varios años más de observaciones y nuevos descubrimientos de cráteres.

Al igual que el nuevo cráter del 17 de marzo, también encontramos que estos nuevos cráteres de impacto están rodeados por complejos patrones de reflectancia relacionados con el material expulsado durante la formación del cráter. Muchos de los cráteres de impacto más grandes (> 10 metros de diámetro) exhiben hasta cuatro zonas de reflectancia brillantes u oscuras. Estas zonas son más visibles comparando las imágenes (dividiendo la imagen posterior por la imagen anterior). Más cerca del sitio de impacto, generalmente hay una zona de alta reflectancia y una zona de baja reflectancia. Estas dos zonas se formaron probablemente como una capa de material que fue expulsado del cráter durante el impacto, y se extendió hacia fuera alrededor de cinco radios del cráter desde el borde.

Pasadas las zonas de reflectancia cerca del cráter (conocidas como zonas próximas) hay una o dos zonas de reflectancia (también de alta reflectancia y baja reflectancia, se les llama zonas distantes). Si bien estos patrones de reflectancia distante son casi imposibles de distinguir en la imagen posterior, la imagen de relación temporal muestra claramente su extensión y forma. A partir del análisis de múltiples sitios de impacto, vemos que en algunos casos los patrones de eyección alejados se envuelven alrededor de pequeños obstáculos topográficos, lo que indica que el material estaba viajando a lo largo de una trayectoria casi paralela al suelo. Este tipo de trayectoria sólo es posible si el material fue expulsado a velocidades muy altas desde la fase inicial de chorro de un impacto. El chorro se produce justo cuando el impactador entra en contacto con la superficie a velocidades de hipervelocidad (en promedio 16 km por segundo, 10 millas por segundo, o 36.000 millas por hora). El chorro contiene roca vaporizada y fundida, que se mueve rápidamente (a veces más rápido que el impactador original) sobre la superficie, alterando la capa superior del regolito lunar (suelo) y modificando sus propiedades de reflectancia. La zona externa de alta reflectancia formada a partir de este chorro podría ser de alguna manera análoga a la región brillante que se forma alrededor de un sitio de aterrizaje cuando el escape de la nave espacial de retroceso modifica la reflectancia superficial durante el descenso.

 

Animación del par temporal NAC del nuevo cráter de impacto de 12 m mostrado arriba (Antes de la imagen del NAC: M1105837846R, después de la imagen del NAC: M1121160416R) [NASA / GSFC / Arizona State University].

Además de descubrir los cráteres de impacto y sus fascinantes patrones de eyección, también observamos un número sorprendente de pequeños cambios superficiales, que llamamos manchas. Si bien estas manchas carecen de bordes, es probable que se produzcan por pequeños impactos. Vemos racimos densos de estas manchas alrededor de nuevos sitios de impacto, lo que sugiere que muchas manchas pueden ser los cambios superficiales secundarios causados ​​por el material arrojado desde un evento de impacto primario cercano. De 14.000 pares temporales de NAC, hemos identificado más de 47.000 manchas hasta ahora. Estimamos su acumulación en el tiempo, y de medir su tamaño inferimos cuán profundamente cada mancha excavó la superficie. A partir de esta estimación de la profundidad y la frecuencia de la formación que se calcula cuánto tiempo se tarda en efectivamente agitar los pocos centímetros de la capa superior de regolito. Esta agitación incesante afectará al 99% de la superficie después de cerca de 81.000 años; una tasa significativamente más rápida (> 100x) que los modelos anteriores que consideraban el vuelco de los impactos micrometeoróticos solos, e ignoraron los efectos de pequeños impactos secundarios (manchas). Esta revisión de la tasa de agitación es importante cuando se analizan las observaciones de detección remota (por ejemplo, datos de cámaras y espectrómetros de rayos X y rayos gamma) que sondean esta capa de regolito superior. Además, la velocidad de agitación es una información importante para futuros diseñadores de bases en la Luna – las construcciones en la superficie tendrán que estar diseñados para soportar impactos de hasta 500 metros por segundo de partículas pequeñas. En una nota más ligera, el aumento de velocidad significa que las huellas de los astronautas y los rover  habrán desaparecido en unas pocas decenas de miles de años, en lugar de unos pocos millones.

Ejemplo de una mancha de baja reflectancia (arriba) y alta reflectancia (parte inferior) creada por un pequeño impactador o más probablemente por una eyección secundaria. En cualquier caso, los primeros centímetros superiores del regolito (suelo) se agitaron [NASA / GSFC / Arizona State University].

Además de descubrir los cráteres de impacto y sus fascinantes patrones de eyección, también observamos un número sorprendente de pequeños cambios superficiales, que llamamos manchas. Si bien estas manchas carecen de bordes, es probable que se produzcan por pequeños impactos. Vemos racimos densos de estas manchas alrededor de nuevos sitios de impacto, lo que sugiere que muchas manchas pueden ser los cambios superficiales secundarios causados ​​por el material arrojado desde un evento de impacto primario cercano. De 14.000 pares temporales de NAC, hemos identificado más de 47.000 manchas hasta ahora. Estimamos su acumulación en el tiempo, y de medir su tamaño inferimos cuán profundamente cada mancha excavó la superficie. A partir de esta estimación de la profundidad y la frecuencia de la formación que se calcula cuánto tiempo se tarda en efectivamente agitar los pocos centímetros de la capa superior de regolito. Esta agitación incesante afectará al 99% de la superficie después de cerca de 81.000 años; una tasa significativamente más rápida (> 100x) que los modelos anteriores que consideraban el vuelco de los impactos micrometeoróticos solos, e ignoraron los efectos de pequeños impactos secundarios (manchas). Esta revisión de la tasa de agitación es importante cuando se analizan las observaciones de detección remota (por ejemplo, datos de cámaras y espectrómetros de rayos X y rayos gamma) que sondean esta capa de regolito superior. Además, la velocidad de agitación es una información importante para futuros diseñadores de bases en la Luna – las construcciones en la superficie tendrán que estar diseñados para soportar impactos de hasta 500 metros por segundo de partículas pequeñas. En una nota más ligera, el aumento de velocidad significa que las huellas de los astronautas y los rover  habrán desaparecido en unas pocas decenas de miles de años, en lugar de unos pocos millones.

A lo largo de la nueva misión de dos años de duración (misión Cornerstone, del 1 de octubre de 2016 al 30 de septiembre de 2018), aprobada por la NASA y futuras misiones extensiones del LRO, LROC seguirá adquiriendo estas valiosas observaciones temporales. A medida que la misión continúa, las probabilidades aumentan de encontrar impactos mayores que ocurren con menor frecuencia en la Luna. Estos descubrimientos nos permitirán refinar aún más la tasa de impacto e investigar los detalles de los cráteres de impacto, el proceso más importante que moldea los cuerpos planetarios a través del Sistema Solar.

Traducción de:

http://lroc.sese.asu.edu/posts/943

Impactos en la Luna y algunos experimentos en la Tierra

(Marcelo Mojica Gundlach)

 

Estando viendo las fotografías obtenidas de la pasada lunación, me sorprendió el hecho de que algunos rayos lunares sean anchos, mientras que otros sean delgados, algunos abundantes en alguna dirección, mientras que en otras no.  Es muy interesante que tengamos tanto material de estudio en nuestro satélite y que los aficionados le demos tan poca importancia al astro que está más cerca de nosotros y que además es un objeto de estudio en el cual podemos forzar los aumentos de nuestros telescopios al máximo.  Sólo falta ser un poco observador para darnos cuenta que existen muchísimos detalles cada vez que observamos la Luna.  En realidad, hay tantos detalles que nos podríamos pasar horas enteras observando un mar, o alguna región pequeña de cráteres cambiando de oculares, añadiendo filtros de colores, etc.

Es preciso que los observadores aficionados puedan empezar un programa sistemático para ayudar en los proyectos internacionales o, a otros aficionados que estudian este campo.  Como observamos en los reportes de la ALPO, sección lunar, hay observadores que realizan su trabajo metódico con un simple refractor de 60mm de apertura a F/16 y es sabido que muchos de los observadores latinos tenemos al alcance equipos mucho más poderosos y sofisticados que dicho telescopio. Lo que sí nos falta son ganas de realizar observaciones en forma disciplinada y constante.

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En el mes de agosto del 2016, entre el 16 y 17, la Luna se presentó muy favorable, como también las condiciones del cielo.  La atención se centró en el cráter Kepler, mostrado en la figura de la izquierda, el cual presenta rayos bastante anchos hacia el oeste lunar (hacia abajo en la foto), en tanto que hacia el norte y hacia el sur, no tiene rayos importantes.   También es de notar la diferencia de coloración entre los rayos y el terreno circundante al cráter Kepler.  Obviamente que tenemos las interferencias de los rayos de Copérnico, pero, de todas maneras, los rayos de Kepler son muy notorios, como también la distribución del material eyectado por la colisión.

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Con Sergio Fabiani, quisimos recrear estas colisiones utilizando su rifle de aire comprimido y perdigones de cobre, disparando sobre una cama de harina la cual tenía otra cama encima de ella de maicena.  Los resultados fueron interesantes porque cuando disparamos con un ángulo de 60º, respecto a la horizontal, se pudo observar que generamos un cráter con rayos anchos en dirección del proyectil, tal como se muestra en la figura a la derecha y casi ningún rayo hacia los costados.  Obviamente que éste es un experimento muy simple, pero nos da pautas de que podemos realizar algunas demostraciones cuando realicemos cursillos de astronomía, para que nuestros estudiantes puedan sentir lo que es hacer ciencia.  Tal como lo hizo notar uno de nuestros miembros observadores de variables, Moisés Montero, se debe tomar en cuenta que en la Luna no existe atmósfera y que aquí en la Tierra, las partículas podrían comportarse de forma diferentes debido a la resistencia del aire, sin embargo, a tan pequeña escala, los resultados demostrativos pueden ser valuados en positivos, mostrando una tendencia del material dispersado hacia algunas direcciones preferenciales.  Esperamos que en las siguientes lunaciones podamos adquirir mejores imágenes para poder ir ampliando nuestro conocimiento en este campo que empezamos a descubrir y gozar cada lunación.

El impacto de un protoplaneta generó el Mare Imbrium

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La NASA recrea un impacto en la Luna hace 3.800 millones de años. El satélite colisionó con un protoplaneta de 250 kilómetros de diámetro

Un equipo de astrónomos ha resuelto el caso de una enorme colisión sucedida en la Luna hace 3.800 millones de años. Durante décadas se ha especulado con el origen del Mare Imbrium, la superficie de unos 1.300 kilómetros de diámetro que, vista desde la Tierra, parece uno de los ojos de la imaginaria cara de nuestro satélite. La hipótesis más creíble es que hubo un gran impacto que formó esta depresión geográfica que se aprecia al noroeste de la cara visible. Lo que no se sabía hasta ahora es que el choque fue 10 veces más grande y violento de lo que se pensaba.

Hasta ahora solo se habían utilizado programas informáticos para interpretar los accidentes geográficos del cráter e intentar calcular el tamaño del asteroide que lo formó. Esos estudios habían calculado un diámetro de 80 kilómetros para el asteroide.

Ahora, un equipo dirigido por Peter Schultz, experto en ciencias planetarias de la Universidad Brown (EE UU), ha recreado el impacto usando el Campo de Tiro Vertical del Centro Ames de la NASA. Se trata de un cañón de cuatro metros capaz de disparar proyectiles a más de 25.000 kilómetros por hora. La instalación permite reconstruir violentas colisiones entre cuerpos y materiales de muchos tipos. Comenzó a funcionar en los 60 como apoyo de las misiones Apolo que llevaron al hombre a la Luna y desde entonces ha servido a muchos otros proyectos, incluidos los rovers en Marte, la misión Deep Impact o el cálculo de los riesgos de las futuras misiones de la NASA de vuelta al satélite.

El impacto liberó una energía de más de un billón de megatones (la mayor bomba atómica jamás detonada apenas alcanzó los 52 megatones)

En la Luna, la zona del antiguo impacto está repleta de grietas y surcos formados por las rocas que salieron despedidas por la explosión. Se trata del último gran choque que sufrió la Luna y por eso sus restos están relativamente bien conservados. Estos accidentes están en el lado sureste de la zona, lo que indicaría que el asteroide vino del noroeste. Pero al noroeste, justo por donde debió entrar el enorme cuerpo, también hay surcos y grietas cuyo origen no estaba claro.

El experimento del equipo de Schultz, publicado hoy en Nature, ha permitido explicar por qué hay restos a uno y otro lado de la zona de impacto. El campo de tiro de la NASA “puede desvelar procesos complejos de un impacto en una escala de micras a centímetros”, explica Schultz a Materia. “En este trabajo reconocimos un patrón específico de impactos oblicuos y aislamos los fragmentos usando una superficie curva, similar a la de un cuerpo de gran tamaño que choca con la Luna”, señala. Una vez los científicos obtienen un patrón de impacto que encaja con lo observado, usan simulaciones informáticas que confirman si este mismo proceso físico sucede también a escalas de cientos de kilómetros.

Más colisiones en la Tierra

Los resultados muestran que el asteroide de Imbrium tenía en realidad unos 250 kilómetros de diámetro, la mitad de grande que Vesta, uno de los mayores cuerpos del Cinturón de Asteroides. Según Schultz se trataba de un protoplaneta, un embrión planetario como los que contribuyeron a formar la Tierra y el resto de planetas rocosos.

Según los cálculos del astrónomo de Brown el impacto liberó una energía de más de un billón de megatones (la mayor bomba atómica jamás detonada apenas alcanzó los 52 megatones). El experimento ha demostrado que el asteroide comenzó a desintegrarse al primer contacto con la Luna y los surcos que se ven al noroeste, en la zona de entrada, son también restos del mismo.

Gran parte del asteroide quedó esparcida por la Luna, lo que explica por qué muchas de las rocas recogidas por las misiones Apolo eran restos de meteoritos, especialmente las del Apolo 16 que recogió muestras del material proyectado por el impacto de Imbrium.

Otra parte del gigante escapó a la gravedad de la Luna y siguió orbitando el Sistema Solar en forma de asteroides más pequeños que ocasionaron nuevos impactos durante el bombardeo intenso tardío, un periodo inicial del Sistema Solar hace entre 4.100 y 3.800 millones de años.

“La Tierra fue golpeada muchas más veces por otros protoplanetas”, explica Schultz. “Debió haber unas cinco veces más impactos como el de Imbrium e incluso mayores en ese periodo”, resalta.

Fuente:

http://elpais.com/elpais/2016/07/19/ciencia/1468949512_326869.html