¿Han sobrevivido cientos de tardígrados en la Luna?

Hace apenas unos días, se reveló que la nave israelí Beresheet, que en Abril se estrelló en la Luna, llevaba a bordo centenares de estos pequeños y resistentes animales

Imagen de microscopio electrónico de barrido de un tardígrado – Kazuharu Arakawa y Hiroki Higashiyama

Puede que muchos no lo recuerden, pero el pasado 11 de Abril la noticia saltó a los principales medios de comunicación de todo el mundo: la Beresheet, un “aterrizador robótico” israelí, diseñado para posarse suavemente en la Luna, acabó por estrellarse contra su polvorienta superficie. Sus restos quedaron diseminados para siempre alrededor del lugar del impacto e Israel firmaba su fracaso, por ahora, en su intento de pertenecer al selecto club de países que han conseguido aterrizar en nuestro satélite.

Lo que nadie sabía hasta ahora, sin embargo, es que además de una bandera israelí, un CD con la historia del Holocausto y varias muestras de ADN (incluido el humano) la nave transportaba, también, todo un cargamento de pequeñas formas de vida deshidratadas conocidas como tardígrados, también llamados «osos de agua».

Animales indestructibles

Se trata, ya saben, de esas diminutas criaturas de aspecto adorable que tienen la extraordinaria capacidad de eliminar toda el agua de su organismo y encapsularse, manteniendo al mínimo sus constantes vitales durante largos periodos de tiempo. En otras palabras, son prácticamente indestructibles. Y cientos de ellos podrían estar ahora diseminados por la superficie lunar.

Beresheet estaba pensado para ser la primera etapa de una iniciativa provada para transferir ADN vivo a la Luna. La idea era (y sigue siendo) convertirse en una especie de Arca de Noé, proporcionando un depósito de ADN a partir del cual distintas especies de plantas y animales podrían regenerarse para repoblar la Tierra en caso de que una catástrofe similar a una inundación de proporciones bíblicas arrasara el planeta.

Pero aquí lo importante no es el proyecto, que ha recibido toda clase de calificaciones, desde «visionario» a simplemente «estúpido», sino el hecho de que en estos momentos, los tardígrados podrían estar vivos y dispersos sobre la superficie lunar. Y dada su enorme resistencia, no sería raro que consiguieran permanecer allí durante un periodo de tiempo indeterminado.

Los tardígrados, en efecto, son capaces de sobrevivir en condiciones que serían letales para cualquier otra forma de vida. De hecho, soportan sin demasiados problemas a temperaturas que van desde los 200 grados bajo cero a más de 150, muy por encima del punto de ebullición del agua. Y son capaces, también, de sobrevivir a la exposición directa a la radiación y el vacío espaciales.

El «superpoder» de deshidratarse

Pero su principal «superpoder» es, como se ha dicho, su capacidad para deshidratarse casi por completo. Los tardígrados suelen vivir en el agua, de donde obtienen el oxígeno y el alimento que necesitan. Pero cuando ésta escasea, retraen sus cabezas y patas, expulsan toda el agua de sus cuerpos y se arrugan hasta formar una pequeña bola. Los científicos han comprobado que pueden permanecer en ese estado durante por lo menos diez años (se cree que pueden hacerlo durante más de un siglo entero), para «revivir» después cuando las condiciones ambientales sean de nuevo favorables.

En la Luna, como se sabe, el agua escasea, por lo que resulta muy poco probable que los tardígrados encuentren las condiciones necesarias para «resucitar». Pero es muy posible que si en los próximos años alguna misión tripulada explora la zona, logre encontrar, vivo y esperando, a alguno de ellos. Desde luego, si hay una criatura que tiene posibilidades de sobrevivir a un accidente espacial, esa es un tardígrado.

La noticia de los tardígrados de la Beresheet ha llamado mucho la atención en la comunidad científica. ¿Qué habría pasado si en lugar de en la Luna, la nave se hubiera estrellado en Marte, donde sí es posible encontrar agua líquida estacional en las regiones polares? ¿Habrían logrado sobrevivir en esas condiciones? Solo el futuro lo dirá. Mientras tanto, muchos piensan que lo mejor sería abstenerse de contaminar otros planetas con ADN terrestre. ADN que podría confundirnos e invalidar nuestros esfuerzos por encontrar formas de vida originaria de esos mundos.

Fuente:

https://www.abc.es/ciencia/abci-sobrevivido-cientos-tardigrados-luna-201908132041_noticia.html

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Crónicas Lunares. EXPLORAR. EL SENTIDO DE LA AVENTURA LUNAR

Alberto Anunziato (Sociedad Lunar Argentina)

sociedadlunarargentina@gmail.com

Publicado en Diario Uno de Paraná el 3 de agosto de 2019

Hace 50 años el mundo asistía a un espectáculo inédito. La televisión mostraba en directo a los primeros hombres en pisar la superficie de la Luna. 50 años… lo suficiente como para tomar distancia y preguntarnos por el sentido histórico y filosófico de la carrera espacial que culminó el 20 de julio de 1969. Fue un triunfo ideológico para Estados Unidos, su bandera ondeando en la distante Luna, la muestra de que eran capaces de someterse a un esfuerzo económico enorme para vencer a los soviéticos. Una puja tecnológica y simbólica que Kennedy había hecho suya luego de que los cubanos lo humillaran en Bahía de Cochinos. Para la URSS fueron todos los primeros lugares: primer satélite artificial, primer hombre en el espacio, primera mujer en el espacio, primera caminata espacial, primeros en llegar a la Luna y Venus, y muchos más. Pero llevar astronautas a la Luna fue demasiado para el gigante con pies de barro, que 17 años después mostró la faz más oscura de su tecnología con el desastre de Chernobil. Para los que no somos norteamericanos, ¿cuál fue el sentido de llegar a la Luna? La versión canónica es que es que los avances científicos del Programa Apolo lo justificaron, pero es lícito preguntarse si no hubiera sido más barato y efectivo financiar la exploración robótica, que es la que en estas décadas ha hecho avanzar enormemente nuestro conocimiento del sistema solar. También es canónico el argumento de que los avances tecnológicos derivados del Programa Apolo lo justificaron (el más importante sería la miniaturización de la electrónica). Pero es sensato preguntarse si no hubiera sido más efectivo investigar directamente esos avances tecnológicos con fondos que llegaron a más del 5% del presupuesto norteamericano durante una década. ¿La aventura del Apolo XI no nos dice nada entonces? Claro que sí, porque resuena con una de las pulsiones más elementales del ser humano: el deseo de conocer lo desconocido. El sentido de la aventura lunar, más allá de los avances en el conocimiento del sistema solar y de los adelantes que colateralmente se produjeron por la carrera espacial, es profundamente humano. Porque reencontró al hombre con el sentido de la aventura, de la exploración. Las primeras palabras de Scott Carpenter al pisar la Luna con la misión Apolo XV son las más representativas de ese pequeñísimo género textual que son las primera palabras en la Luna: “El hombre debe explorar”. Y explorar implica el amor por lo desconocido, que es el amor que sentimos también al mirar por un telescopio, aunque los divulgadores nos digan que nada nuevo podamos mirar. Así lo expresaba, en “Así habló Zaratustra”, Friedrich Nietzche: “Sí, soy amigo del mar y de todo lo marino, máxime cuando me contradice airadamente. Sí me impulsa ese deleite de la exploración que endereza las velas hacia lo ignoto; sí mi deleite es deleite de navegante; sí, una vez exclamé exultante: ha desaparecido la costa, se ha desprendido mi última atadura”. Y el espacio es no tener ataduras. Es seguir adelante por el honor y el coraje, como el insano Capitán Ahab perseguía la ballena blanca Moby Dick. Como Ulises quería volver con su esposa Penélope, tuvo que atarse al mástil de su barco para no sucumbir al canto de las sirenas que lo tentaban a seguir navegando para siempre, como quisiéramos todos viajar para siempre. Y quién escucho a las sirenas en el espacio fue Ed White, el primer norteamericano en realizar una caminata espacial en 1965. Deslumbrado por la inmensidad de la Tierra y la negrura del espacio, trató de dilatar todo lo posible la reentrada en la cápsula Gemini, incluso pretendiendo que no escuchaba las ordenes perentorias del control de misión en Tierra, quienes temían los efectos de flotar en el espacio, una experiencia nueva. El audio se consigue en internet y es conmovedor escuchar a White rogar que lo dejaran quedarse un poco más fuera de la cápsula y luego se rinde y dice antes de entrar: “Este es el momento más triste de mi vida”, palabras que estaban siendo transmitidas en directo por la radio.

La empatía universal de esos días de julio de 1969 se explica por la admiración que suscitan los que afrontan desafíos extremos en la soledad más absoluta. Los niños de los ’70 soñábamos con ser exploradores o astronautas porque se adentraban en lo desconocido. El aura triunfal de los astronautas se perdió con las soporíferas misiones de los transbordadores y de la estación espacial, en las que incluso los riesgos reales se minimizaban discursivamente. Pero los astronautas de los dorados ’60 y ’70 se jugaban la vida y eran conscientes de estar en un lugar privilegiado.

Cuando revisitamos los años de Apolo, lo que hacemos es soñar con escuchar el canto de las sirenas y seguir viajando para siempre, como Yuri Gagarin, como Neil Armstrong, como Ed White, como Ulises.

Primer Café Lunar en Paraná

Con un buen marco de público, el domingo 4 de agosto en Paraná la Sociedad Lunar Argentina realizó su séptima actividad del año, el primer café lunar entrerriano. En el Café Saenz Peña, ubicado enfrente de la plaza del mismo nombre, los aficionados a la astronomía lunar se juntaron para compartir charlas y videos sobre las misiones Apolo y luego, al caer la noche, observaciones telescópicas gratuitas para el público en general.

 

Frío, cráteres y oscuridad: los misterios que rodean al agua de la Luna

Fuente: https://www.airedesantafe.com.ar/ciencia/frio-crateres-y-oscuridad-los-misterios-que-rodean-al-agua-de-la-luna/

Redacción Aire Digital

El polo sur de la Luna es uno de los lugares más extremos del Sistema Solar. Además, está envuelto de misterios como es el comportamiento del agua que existe en el satélite de la Tierra. Sin luz solar, con impactos permanentes de meteoroides sobre su superficie y mucho frío, la NASA reveló algunos detalles del comportamiento del agua en un lugar donde la atmósfera no existe.

La región del polo sur de la Luna es el hogar de algunos de los entornos más extremos del Sistema Solar: es inimaginablemente fría, está masivamente craterizada y tiene áreas que están constantemente bañadas por la luz solar o en la oscuridad.

Esta la razón por la que la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) quiere enviar astronautas allí en el 2024 como parte de su programa Artemis. La vuelta del hombre a la Luna es un hecho.

La característica más atractiva de esta región más al sur son los cráteres, algunos de los cuales nunca ven la luz del día llegar a sus pisos. La razón de esto es el bajo ángulo de la luz solar que golpea la superficie en los polos.

Para una persona de pie en el polo sur lunar, el Sol aparecería en el horizonte, iluminando la superficie de lado y, por lo tanto, rozando principalmente los bordes de algunos cráteres, dejando sus profundos interiores en la sombra.

Como resultado de la oscuridad permanente, el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO)de la NASA ha medido las temperaturas más frías del Sistema Solar dentro de estos cráteres, que se han conocido como ambientes perfectos para conservar material como el agua por eones. O al menos, eso se creía.

A pesar de que la temperatura desciende a – 233 grados Celsius (presumiblemente puede mantener las heladas atrapadas en el suelo virtualmente para siempre) el agua está escapando lentamente de la capa superior más delgada de la superficie de la Luna.

“La gente piensa que algunas áreas en estos cráteres polares atrapan agua y eso es todo”, dijo William M. Farrell, físico de plasma en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, quien dirigió la investigación de las heladas lunares.

“Pero hay partículas de viento solar y meteoroides que golpean la superficie, y pueden provocar reacciones que normalmente ocurren a temperaturas de superficie más cálidas. Eso es algo que no se ha enfatizado”, agregó.

A diferencia de la Tierra, con su atmósfera lujosa, la Luna no tiene atmósfera para proteger su superficie. Entonces, cuando el Sol rocía partículas cargadas conocidas como el viento solar en el Sistema Solar, algunas de ellas bombardean la superficie de la Luna y levantan moléculas de agua que rebotan hacia nuevos lugares.

Del mismo modo, los meteoroides rebeldes constantemente se estrellan contra la superficie y arrancan el suelo mezclado con trozos de agua congelada. Los meteoroides pueden arrojar estas partículas del suelo, que son muchas veces más pequeñas que el ancho de un cabello humano, a una distancia de 30 kilómetros del lugar del impacto, dependiendo del tamaño del meteoroide.

Las partículas pueden viajar tan lejos porque la Luna tiene una baja gravedad y no hay aire para frenar las cosas: “Entonces, cada vez que tienes uno de estos impactos, una capa muy delgada de granos de hielo se extiende por la superficie, expuesta al calor del Sol y el entorno espacial, y eventualmente se subliman o pierden debido a otros procesos ambientales”, dijo Dana Hurley , científica planetaria del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Laurel, Maryland.

Si bien es importante tener en cuenta que incluso en los cráteres sombreados el agua se está filtrando lentamente, es posible que también se agregue agua, señalan los autores del artículo.

Los cometas helados que chocan contra la Luna, más el viento solar, podrían reponerlo como parte de un ciclo global del agua; eso es algo que los científicos están tratando de averiguar. Además, no está claro cuánta agua hay.

¿Está sentado solo en la capa superior de la superficie de la Luna o se extiende profundamente en la corteza de la Luna?, se preguntan los científicos.

Los parches débiles de escarcha que los científicos han detectado en los polos usando instrumentos como el instrumento LAMP del Proyecto de Mapeo Alfa Lyman (LAMP) de LRO podrían tener solo 2,000 años de antigüedad, en lugar de millones o miles de millones de años como algunos podrían esperar, estimó el equipo de Farrell . “No podemos pensar en estos cráteres como puntos muertos de hielo”, señaló.

Para confirmar los cálculos de su equipo, dijo Farrell, un futuro instrumento capaz de detectar vapor de agua debería encontrar, por encima de la superficie de la Luna, de una a 10 moléculas de agua por centímetro cúbico que hayan sido liberadas por los impactos.

Hasta que los astronautas de la NASA regresen a la Luna para desenterrar un poco de tierra, o la agencia envíe nuevos instrumentos cerca de la superficie que puedan detectar moléculas de agua flotantes, la teoría del equipo de investigación sobre la influencia de los meteoroides en el medio ambiente dentro de cráteres sombreados podría ayudar a eliminarlos.

Ya ha ayudado a los científicos a comprender si las aguas superficiales superiores son nuevas o antiguas, o cómo puede migrar alrededor de la Luna. Otra cosa que los impactos de meteoroides en los pisos del cráter podrían ayudar a explicar es por qué los científicos están encontrando parches de escarcha tenue diluida en regolito, o suelo lunar, en lugar de bloques de hielo de agua pura.

A pesar de que abundan las preguntas sobre el agua, es importante recordar, dijo Farrell, que fue solo en la última década que los científicos encontraron evidencia de que la Luna no es una roca seca y muerta, como muchos habían asumido durante mucho tiempo.