Científicos del Southwest Research Institute descubren dos jóvenes cráteres lunares

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Créditos:

Mapa de albedo: NASA GSFC/SwRI
Mapa topográfico: NASA GSFC/ASU Jmoon

Los nuevos cráteres descubiertos. El de la izquierda tiene una antigüedad estimada de entre 75 y 420 millones de años. El de la derecha tiene una antigüedad de 16 millones de años y está ubicado dentro del Cráter Slater, que lleva el nombre del científico del SwRI y diseñador del instrumento LAMP David C. Slater.

Un equipo de investigación dirigido por científicos del Southwest Research Institute descubrió dos cráteres geológicamente jóvenes – uno de 16 millones y otro de entre 75 y 420 millones de años de antigüedad-en las regiones más oscuras de la Luna.

“Estos jóvenes cráteres de impacto son un descubrimiento muy emocionante”, dijo la Dra. Kathleen Mandt, investigadora senior del SRI, quien describió los hallazgos en un artículo publicado por la revista Icarus. “Encontrar cráteres geológicamente jóvenes y perfeccionar su datación nos ayuda a entender la historia de las colisiones en el sistema solar.”

La clave de este descubrimiento fue la Lyman-Alfa Mapping Proyect (LAMP), un espectrógrafo de luz ultravioleta desarrollado por SwRI a bordo del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO). LAMP utiliza la banda Lyman-alpha del ultravioleta lejano del “sky-glow” (“brillo del cielo”) y de la luz de estrellas lejanas para “ver” en la oscuridad y registrar de forma permanente las regiones en sombra de la Luna. Usando LAMP y los datos del radar Mini-RF del LRO, el equipo mapea los suelos de los cráteres mas grandes y profundos de las cercanías del polo sur de la Luna. Estos cráteres profundos son difíciles de estudiar debido a que la luz del sol nunca los ilumina directamente. Las pequeñas diferencias en la reflectividad (albedo) medidas por el equipo LAMP permitieron descubrir estos dos cráteres y estimar sus edades.

“Estudiamos la geología planetaria para entender la historia de la formación del sistema solar”, dijo el Dr. Thomas Greathouse, investigador principal adjunto de LAMP. “Es emocionante y muy gratificante encontrar un nuevo método único e inesperado para la detección y determinación de la edad de cráteres lunares jóvenes”.

Las colisiones en el espacio han desempeñado un papel importante en la formación del sistema solar, incluyendo la formación de la Luna. Los cráteres de impacto cuentan la historia de las colisiones entre objetos en el sistema solar. Debido a que la Luna ha sido salpicada de impactos, su superficie sirve como registro de su pasado. Determinar cuándo se produjeron las colisiones ayuda a los científicos un mapa del movimiento de los objetos en el sistema solar a lo largo de su historia. Los cráteres que son jóvenes en escalas de tiempo geológicas (millones de años) también proporcionan información sobre la frecuencia de las colisiones.

Cuando un objeto pequeño choca contra un objeto más grande, tal como la Luna, el impacto crea un cráter en el cuerpo más grande. Los cráteres pueden medir de unos pocos metros de diámetro o varios kilómetros de ancho. Durante el impacto, el material expulsado forma una capa de material que rodea el cráter. Las “mantas” de material expulsado de cráteres “frescos” relativamente jóvenes tienen superficies rugosas con escombros y pizcas de  polvo brillante condensado. Durante millones de años, estos accidentes lunares quedan sometidos a las intemperies del clima espacial y se cubren con capas de polvo esponjoso y oscuro.

Los científicos determinaron que las áreas alrededor de los dos cráteres eran más brillantes y más ásperas que el paisaje circundante. El equipo calculó la edad de uno de los cráteres en unos 16 millones de años. El áspero y extendido manto de material eyectado del otro cráter se ha desvanecido, lo que demuestra que su antigüedad debe ser de al menos 75 millones de años. Pero el tiempo tendría que haber cubierto por completo el manto de eyección con polvo esponjoso en unos 420 millones de años, lo que da un límite máximo a la posible edad del cráter. Otras imágenes, producidas por altimetría láser y luz del sol dispersada por las paredes del cráter, proporcionaron detalles sobre la topografía, características de la superficie y propiedades del material.

“El descubrimiento de estos dos cráteres y de una nueva manera de detectar cráteres pequeños en las regiones más misteriosas de la Luna es particularmente emocionante”, dijo Mandt. “Este método será útil no sólo en la Luna, sino también en otros cuerpos de interés, incluyendo Mercurio, el planeta enano Ceres y el asteroide Vesta”.

Traducción de:

http://www.swri.org/9what/releases/2016/lamp-lunar-crater-discovery.htm#.V0dohdR94rj

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Aristarco, Herodoto y el Vallis Schröteri

La zona de Aristarco se encuentra entre las más interesantes de la superficie lunar. Es la zona más brillante, pudiendo incluso distinguirse ocasionalmente su brillo aún sin estar iluminada por la luz solar. Más de un tercio de los reportes de Fenómenos Lunares Transitorios pertenecen a esta zona, incluido uno de los más veraces, el de los cartógrafos lunares Edward Barr y James Greenacre en octubre y noviembre de 1963. Esta fenomenología de la zona influyó para que la NASA eligiera el Vallis Schröteri como el sitio de alunizaje de la misión Apollo XVIII, la primera en ser cancelada (junto con la XIX y la XX). También en esta zona se descubrió la presencia de gas radón tanto por Apollo XV como por Lunar Prospector.

ARISTARCO JUANMA

La primera imagen que vemos pertenece a la prehistoria de nuestra Sección Lunar, fue obtenida por Juan Manuel Biagi el 7 de septiembre de 2014 a las 5.58 UT, con nuestro telescopio Meade LX 200 de 250 mm. y la cámara Canon EOS Rebel XS, una sola toma de 1/3 de segundo. Como eran nuestros primeros intentos caóticos de observación lunar, no registramos el ocular utilizado via telextender (que también magnificó algunas manchas de suciedad en el sensor). Pero esta imagen de Juan Manuel Biagi, que encontré mirando viejas fotos al azar, es la mejor que hemos obtenida de esta zona, seguramente por la cercanía del terminador y la maestría del fotógrafo. Se observan los 3 accidentes principales. Aristarco, con sus 3000 metros de profundidad y 40 kilómetros de diámetro, brilla incluso con poca luz solar. Su brillo normal es provocado por su juventud (500 millones de años) y su profundidad, que permite ver la brillante roca lunar que forma la corteza, la anorthosita. El cráter más oscuro, a la izquierda de Aristarco, es Herodoto, un poco más pequeño (34 kms.de diámetro), pero mucho más oscuro por haber sido inundado por material más reciente, siendo su suelo plano debajo del cual quedó seguramente el pico de impacto que sí presenta Aristarco. El accidente más difícil de obtener es la famosa “cobra”: el Vallis Schröteri. Es un valle sinuoso que termina en un pequeño cráter de 6 kilómetros de diámetro muy cerca de Herodoto. Se trata de un canal de lava de forma de serpiente de 168 kms. de largo, 11 kms. de ancho y 1 km. de profundidad.

Por lo general es difícil capturar el Vallis Schröteri con los rayos solares incidiendo de frente. Francisco Alsina Cardinalli lo hizo el 30 de abril de 2016 a las 5.38 UT con una QHY5-II:

ARISTARCO PANCHO

 

Los orígenes de los remolinos lunares

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El remolino lunar Reiner Gamma por la LRO de la NASA.

Crédito: NASA LRO WAC science team

Una avalancha de nuevas investigaciones arroja luz sobre los extraños remolinos de luz y oscuridad que salpican la superficie lunar, lo que sugiere que el débil campo magnético del único satélite natural de la Tierra ofrece un escudo sorprendentemente fuerte para ciertas partes de la corteza lunar.

Muchos ponderan los misterios del mar cubierto de hielo de Europa o de la composición extraña de Fobos, pero la Luna guarda secretos y está mucho más cerca. Los investigadores se han preguntado acerca de los patrones espiralados de decenas de millas de diámetro en la superficie marcada por la viruela de la Luna.

“Estos patrones llamados “remolinos lunares”, aparecen casi pintados en la superficie lunar”, dijo John Keller, investigador del Goddard Space Flight Center de la NASA en Maryland, en un comunicado. “Son únicos, sólo los hemos visto en la Luna y su origen sigue siendo un misterio desde su descubrimiento”. Keller es un científico de la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA.

Las manchas brillantes de los remolinos parecen haber sido menos expuestas al clima espacial que las partes oscuras, y los remolinos se producen en los lugares donde la superficie de la luna aparece magenitzada, de acuerdo con investigaciones anteriores. A partir de estas observaciones, los científicos han desarrollado tres hipótesis principales sobre el origen de los remolinos, dijeron funcionarios de la NASA: que el campo magnético de la luna protege partes de la superficie del abrasivo viento solar, que el polvo se asentó en alineación con el campo magnético o que penachos de material de impactos de cometas generaron tanto los remolinos como los campos magnéticos.

A diferencia de la Tierra, cuyo núcleo metálico genera un campo magnético global, la Luna (en la actualidad) no tiene un campo extenso. En cambio, los parches de la corteza se magnetizan en patrones irregulares. Mientras que la explicación del campo de protección parecía posible, los investigadores no entienden cómo los campos magnéticos débiles podrían haber proporcionado un efecto protector lo suficientemente fuerte en la superficie lunar.

“El problema con la idea del escudo magnético es que los campos magnéticos incrustados en la Luna son muy débiles – alrededor de 300 veces más débil que el campo magnético de la Tierra”, dijo Bill Farrell, director del Goddard’s DREAM2 Center for Space Environments de la NASA.

Tres nuevos artículos de investigadores del DREAM2 describen modelos de cómo el campo débil de hecho podría proteger la superficie contra el viento solar incesante, y las nuevas observaciones del LRO apoyan aún más la conclusión.

La actividad intensa del sol envía un flujo constante de partículas energéticas cargadas hacia el sistema solar, bombardeando planetas, lunas y asteroides. El campo magnético de la Tierra desvía la mayor parte de estas partículas de la superficie del planeta; su interacción con ese campo y las partículas en la atmósfera causan las vívidas auroras cerca de los polos norte y sur. La luna, por el contrario, se encuentra en su mayor parte sin protección, bajo una lluvia constante de partículas energéticas, que pueden viajar desde 200 a 500 millas por segundo (300 a 800 km/s) en función del nivel de actividad del sol.

De acuerdo con los nuevos modelos, incluso el débil magnetismo de la superficie lunar puede generar un fuerte campo eléctrico cuando el viento solar fluye a través, capaz de desviar las partículas lejos de ciertas partes de la superficie lunar. Así que los remolinos de magnetismo se inscriben en la luna en forma de áreas más claras que son menos desgastadas por el fuerte viento solar.

Nuevas observaciones del LRO parecen apoyar esta hipótesis, dijo Keller. “Hasta que no haya alguien haciendo mediciones en la superficie lunar, es posible que no obtengamos una respuesta definitiva. Pero las nuevas observaciones que analizan los remolinos en luz ultravioleta son consistentes con las observaciones anteriores que indican que los remolinos están menos degradado que sus alrededores”.

Para entender mejor el proceso, mientras tanto, los equipos esperan afinar los modelos que representan diferentes momentos del día,  cuando el viento solar viene de diferentes direcciones, así como las variaciones de la fuerza del viento solar, dijeron las autoridades. El equipo del orbitador lunar, por su parte, tiene previsto ajustar uno de los instrumentos del orbitador para mejorar la claridad de las observaciones durante el día.

Traducción de:

http://www.space.com/32787-strange-moon-swirls-origins.html

Desde Oro Verde se investiga el gran misterio lunar

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Publicado en “Diario Uno” de Paraná el domingo 14 de mayo de 2016.

El gran misterio astronómico de nuestro satélite natural son los “Fenómenos Lunares Transitorios” o FLT (también conocidos por la sigla en inglés LTP, “lunar transient phenomena”). Se trata de cambios repentinos de brillo o luminosidad en la superficie lunar de corta duración cuya causa se desconoce. Algunos de ellos son especialmente brillantes, ya que existen reportes desde la Edad Media, época en que solamente podían ser visualizados a ojo desnudo. Su duración es también muy variable, ya que pueden durar solo algunos segundos, pero también se han reportado algunos de más de una hora de duración. Son sumamente controvertidos por dos razones. Primero, porque son extremadamente raros y breves, muchos sólo son observados por una persona y por pocos segundos, lo que hace imposible el control científico de la observación. Segundo, porque implican la existencia de cambios en la superficie lunar, una posibilidad que la astronomía por mucho tiempo ha rechazado.

Las objeciones científicas a la seriedad de los reportes de fenómenos lunares transitorios se basan en considerar que son o bien distorsiones provocadas por turbulencias atmosféricas en la Tierra que producen la ilusión óptica de cambios en la Luna o bien errores de apreciación de un observador inexperto. Es cierto que muchos reportes de FLT pueden explicarse así, pero también lo es que muchos corresponden a observadores lunares experimentados y un buen número fueron documentados. Durante la misión del Apolo XI a la Luna se les pidió a los tripulantes que confirmaran un FLT que estaba siendo reportado en el cráter Aristarco desde el observatorio alemán de Bochum y Neil Amstrong comprobó que dicha área estaba “considerablemente más iluminada que el área circundante” con una especie de “fluorescencia”.

El debate sobre si la Luna es un cuerpo geológicamente muerto o si se han producido cambios recientes está íntimamente ligado con el debate sobre la realidad de los FLT. Desde principios de la década de los ’60 se considera que los cráteres lunares se formaron por impactos meteoríticos, sobre todo al inicio del Sistema Solar, que originaron gigantescos flujos de lava que, solidificados, generaron a su vez las llanuras basálticas llamadas “mares” (las zonas oscuras de la Luna). La Luna se habría formado, tal como la vemos, hace más de 3.000 millones de años y ya no sucedió nada más. La teoría perdedora fue la del origen volcánico de los cráteres, que postulaba la existencia posible de vulcanismo residual en el interior o en la superficie. La derrota fue tan completa que hablar de vulcanismo en la Luna fue palabra prohibida por mucho tiempo, y una víctima adicional fue la credibilidad de los reportes de FLT, que implicaban la posibilidad de cambios transitorios en la superficie lunar.

La comprobación por distintas misiones a la Luna de afloramientos temporarios y esporádicos de gases en la superficie lunar ha originado lo que parece ser la explicación más plausible para la mayoría de los FLT. La misión Lunar Prospector (1998/1999) comprobó la aparición de gas radón en la superficie cerca de los cráteres Kepler y Aristarco (éste último concentra casi la mitad del total de reportes de FLT). Recordemos que la Luna carece de atmósfera por su débil atracción gravitacional, por lo que las muestras de gas son fáciles de detectar.

El estudio estadístico de los FLT en relación con la detección de afloramientos  de gas ha permitido relacionarlos con una serie de indicadores selenográficos relacionados con lugares donde la corteza es más débil: límites entre las zonas altas y las zonas oscuras, bordes de montañas y laderas de los cráteres más brillantes. Esto posibilitaría una búsqueda sistemática en dichas zonas, mientras que los anteriores intentos (realizados en la totalidad de la superficie o en determinados cráteres) fueron infructuosos.

Pero hay otra posibilidad, además de la búsqueda de nuevos reportes. La Association of Lunar and Planetary Observers (ALPO), la British Astronomical Association (BAA) y la Aberystwyth University (en Gales) llevan adelante el “Proyecto de Verificación/Eliminación de Reportes Históricos de Fenómenos Lunares Transitorios” dentro del “Programa de Detección de Cambios Geológicos Lunares”, cuyo objetivo es verificar cómo es la apariencia normal de un área de la Luna en las mismas condiciones de observación en las que se produjo un fenómeno lunar transitorio en el pasado. Repetir exactamente una observación antigua permite comprobar si la “anomalía” observada es tal o si es simplemente un efecto de la atmósfera terrestre o, más comúnmente, un error de interpretación de las condiciones de la superficie lunar en ese momento exacto, condiciones infrecuentes pero no anormales, por falta de conocimiento del observador. En buen criollo, el primer observador “no sabe cómo es la apariencia normal” del sitio observado y reporta como anómalo algo que es normal. Aquí entran las condiciones de iluminación y libración. Sabemos que los accidentes lunares presentan un aspecto muy variado de acuerdo a cómo incide la iluminación solar, a lo que hay que añadir los “estiramientos” de la superficie lunar por el movimiento de libración, producto de la atracción gravitatoria de la Tierra. Ambas condiciones hacen que cada observación lunar capte un momento casi único de un accidente determinado. Por ello, es muy fácil que cualquier observador tome como una anomalía (FLT) lo que no son más que las condiciones “extraordinarias” de luz y sombra del accidente en un momento dado, condiciones que no se han repetido para ningún otro observador pero que se repetirán si se reproduce exactamente la observación. Y en eso consiste este programa de investigación, un claro ejemplo de colaboración entre astrónomos profesionales y amateurs (PRO-AM). El Director del Programa, Anthony Cook (astrofísico de la University of Aberystwyth) elabora mensualmente una guía de observación en la que se detallan posibles horarios de observación para distintas ubicaciones geográficas. De acuerdo a sus posibilidades, astrónomos de todo el mundo cumplen con las observaciones requeridas. ¿Qué se hace con nuestras observaciones? Se compara nuestro reporte y/o imagen o video con el reporte de FLT histórico para comprobar si el evento reportado se ha repetido en nuestra observación. De repetirse dicho evento, sería un indicio de que lo que vio el primer observador es la apariencia rara del accidente lunar observado (por iluminación solar y libración) pero que se repite cada vez que se dan las mismas condiciones. Si no se repite, sería un indicio a favor de la existencia del FLT. Por supuesto, una sola observación no es determinante, por lo que las observaciones sirven para revisar la gradación que al FLT se le ha asignado en los distintos catálogos existentes.

Con las repetidas observaciones y en palabras de Anthony Cook: “iremos eliminando gradualmente los reportes de FLT menos confiables de nuestra lista y reajustando el valor observacional de los demás”.

Desde la Asociación Entrerriana de Astronomía colaboramos activamente con dicho programa, realizando observaciones de los accidentes lunares indicados para nuestra zona en los días y horarios predeterminados. Gracias a que la AEA integra la Liga Iberoamericana de Astronomía (LIADA)-entidad de grado superior que agrupa asociaciones de América y España, hemos combinado las observaciones con observadores de Bolivia y pronto se sumarán desde otros países. Al cumplir nuestras observaciones con los estrictos estándares de calidad de la Association of Lunar and Planetary Observers, hemos sido incluidos en numerosas ocasiones en “The Lunar Observer”, la revista mensual de observación lunar más prestigiosa a nivel mundial, así como la “Lunar Section Circular” de la British Astronomical Association,  y también han servido para el análisis de numerosos reportes históricos de Fenómenos Lunares Transitorios.

Creemos que es importante que se sepa la contribución que la astronomía entrerriana está realizando a los estudios lunares y al estudio del gran enigma lunar en particular.

Alberto Anunziato

Coordinador Sección Lunar Liga Iberoamericana de Astronomía

PARA DESDE ORO VERDE

En los cráteres más recientes se han registrado fenómenos lunares transitorios. Cráteres Kepler y Copérnico en una imagen tomada desde el Observatorio de Oro Verde de la Asociación Entrerriana de Astronomía.

Refugios en la Luna

Las cuevas lunares conocidas como tubo de podrían ser albergar futuras bases de exploración.

Las cuevas en la Luna podrían proveer refugio a los astronautas que la exploren. Recientemente se hizo público un análisis de los datos recolectados por las sondas gemelas Gravity Recovery and Interior Laboratory (GRAIL) de la NASA, que realizaron un detallado mapa del campo gravitacional de nuestro satélite en el que se destacan numeroso sitios candidatos a calificar como “tubos de lava”. Son estructuras en forma de caverna lo suficientemente grandes como para albergar astronautas, alojamiento y todo el equipo necesario.

Un tubo de lava podría ofrecer un refugio de todas las amenazas a la seguridad de futuros colonizadores: micrometeoritos, rayos cósmicos y radiación solar.

Rohan Sood, de la Purdue University en Indiana, presentó una serie de potenciales tubos de lava en la 47th Lunar and Planetary Science Conference realizada en marzo en The Woodlands, Texas.

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Esta fosa en Marius podría ser una claraboya hacia un tubo de lava.

Crédito: NASA/GSFC/Arizona State University

Un tubo de lava se forma cuando colapsa el interior de la capa de lava enfriada que cubre gran parte de la superficie lunar, quedando nada más que una “cáscara” que protege el interior hueco. Las claraboyas se forman cuando el tubo de lava colapsa parcialmente.

Las sondas GRAIL mapearon el campo gravitacional lunar en órbita desde marzo a diciembre de 2012. Como la atracción gravitacional se relaciona con la masa, una superficie hueca (como los tubos de lava) tiene un “tirón” más débil que el terreno sólido.

Como primer paso, el equipo GRAIL identificó fosas que pudieran ser claraboyas de acceso a tubos de lava (como la de región de Marius). Luego, se buscaron en los mares lunares signos de tubos de lava sin características superficiales especiales que pudieran delatarlos. Se encontraron diez posibles candidatos, algunos de 1.6 kilómetros de ancho y 100 kilómetros de largo. Y quedan los pequeños tubos de lava todavía sin detectar, inferiores a 1 kilómetro de ancho.

The city of Philadelphia is shown inside a theoretical lunar lava tube. A Purdue University team of researchers explored whether lava tubes more than 1 kilometer wide could remain structurally stable on the moon. (Purdue University/courtesy of David Blair)

 

El gráfico representa a la ciudad de Philadelphia dentro de un tubo lunar.

Crédito: Purdue University/David Blair.

 

Los grandes canales conocidos como “rimae” son antiguos conductos de lava de proporciones mucho más grandes que sus parientes terráqueos, llegando a alcanzar los 5 kilómetros de ancho y los 500 metros de hondura, lo que sugiere que los afloramientos de lava en la Luna fueron mucho más grandes que los de la Tierra. Por ende, los tubos de lava deben ser estructuras muy grandes y además muy estables, por la escasa gravedad lunar, lo que los hace más estables que los de nuestro planeta. Un tubo que pudiera contener el tamaño de varias ciudades terrestres sería estable. Por ello, son los grandes candidatos a albergar futuras bases lunares. La búsqueda de claraboyas que indiquen tubos de lava es vital para conocer esos sitios que podrían ser la clave para los primeros asentamientos en el espacio. Incluso se especula con la posibilidad de que existieran también en Marte. Según Sood: “La Luna nos ofrece la oportunidad de conocer en profundidad los tubos de lava antes de intentar la exploración de Marte”.

 

Fuente:

http://www.space.com/32795-moon-lava-tubes-protect-astronauts.html

 

Observadores lunares de la LIADA en “The Lunar Observer” de Mayo de 2016

Nuevamente observadores lunares pertenecientes a la LIADA aparecen en “The Lunar Observer”, la revista especializada en la observación lunar más prestigiosa a nivel mundial que edita la ALPO (Association of Lunar and Planetary Observers).

La revista se puede descargar de la web de ALPO:  http://moon.scopesandscapes.com/tlo.pdf y también del siguiente link: https://drive.google.com/file/d/0B-Dhf119f9EwbmlZSXA1STdsbFE/view?usp=sharing

Este mes, la sección bimestral “Focus on” (que recolecta observaciones actuales e históricas de un accidente lunar en particular) fue dedicada al cráter Kepler. Allí aparece una fotografía de Francisco Alsina Cardinalli obtenida el 2 de enero de 2016 (p.5)

copernicus enero 2016

Y también publicaron (p.8) una fotografía de Juan Manuel Biagi, que pertenece a la prehistoria de nuestra Sección el 7 de septiembre de 2014:

kepler 09-07-2014

En la sección “Lunar Topographical Studies” (p.10) se mencionan las siguientes observaciones:

JAY ALBERT – LAKE WORTH, FLORIDA, USA. Digital images of Kepler & Oceanus Procellarum.

ALBERTO ANUNZIATO – ORO VERDE, ARGENTINA. Digital image Tycho.

JUAN MANUEL BIAGI – ORO VERDE, ARGENTINA. Digital images of Kepler(2).

FRANCISCO ALSINA CARDINALI-ORO VERDE, ARGENTINA. Digital images of Copernicus & Grove.

MAURICE COLLINS – PALMERSTON NORTH, NEW ZEALAND. Digital images of 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 13, 17 & 18 day moon, Aristarchus, Clavius, Copernicus(2), Earthshine, Marius Hills, Plato, Rheinhold, Schickard, southwest Moon & Tycho.

HOWARD ESKILDSEN – OCALA, FLORIDA, USA. Digital image waning Crescent.

CESAR FORNARI – ORO VERDE, ARGENTINA. Digital images Aristarchus & Mare Serenitatis.

ROBERT HAYS – WORTH, ILLINOIS, USA. Drawings of Kepler, LaHire & W. Bond B.

RICHARD HILL – TUCSON, ARIZONA, USA. Digital images ofAristoteles, Gemma Frisius, Montes Apennines & Montes Caucasus-Plato.

JERRY HUBBELL – LOCUST GROVE, VIRGINIA, USA. Digital image of gibbous Moon.

MICHAEL SWEETMAN – TUCSON, ARIZONA USA. Digital images of Janssen.

FRANCO TACCOGNA – GRAVINA IN PUGLIA (BA), ITALY. Digital images of Eratosthenes(3), Mersenius(6) & Rima Birt(14).

 

Y se escogieron las siguientes para ilustrar la sección Recent Topographical Observations”:

Tycho(p.11):

TYCHO

Mare Serenitatis (p.12)

mare serenitatis

En la Sección “Lunar Geological Change Detection Program” (p.16 y siguientes) aparecen nuestras observaciones para el programa:

Observations/Studies for March were received from: Jay Albert (Lake Worth, FL, USA – ALPO) observed: Alphonsus, Aristarchus, Plato, and Tycho. Alberto Anunziato (Argentina – AEA) imaged: Grimaldi and Roca, despite appalling weather conditions in Argentina during much of March. Maurizio and Francesca Cecchini (Italy – UAI) imaged Gassendi. Maurice Collins (New Zealand – ALPO) imaged: Aristarchus, Clavius, Copernicus, Gassendi, Gruithuisen, Lansberg, Mare Humorum, Schiller, Sinus Iridum, Tycho and made some whole Moon mosaics. Marie Cook (Mundesley, UK – BAA) observed Proclus. Tony Cook (Newtown & Mundesley, UK – BAA) captured color webcam images of several features. Pasquale D’Ambrosio (Italy – UAI) imaged Gassendi. Valerio Fontani (Italy – UAI) imaged Censorinus. Rik Hill (Tucson, AZ, USA – ALPO) imaged: Heraclitus, Littrow, Montes Apennines, Murchison, and several other features. Marcelo Mojica (Bolivia – ICAROS) imaged several features. Franco Tacogna (Italy – UAI) imaged Gassendi, Herodotus, Plato and Proclus. Aldo Tonon (Italy – UAI) imaged: Aristarchus, Censorinus, and Marius. Claudio Vantaggiato (Italy – UAI) imaged Gassendi.

2016 april 15 proc 02

Anthony Cook eligió una observación nuestra para analizar un reporte histórico de FLT (fenómeno lunar transitorio) de 1938 (perteneciente al legendario Walter Haas), consistente en el reporte de un “área coloreada” en el cráter Rocca que no pudo ser reproducida en nuestra imagen, pese a saturar los colores de nuestra imagen para encontrar rastros de color.

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